FOTO-CUENTO De Terror : LA FABRICA


Esta historia os va a poner los pelos de punta, yo aún siento escalofríos al recordarla, es más, desde entonces hay noches en las que me cuesta dormir y en otras tengo pesadillas, pero os la voy a contar ¡tengo que contárosla!
Sergi, Paula y yo llegamos al pueblo de Javi, un pueblo pequeñito de montaña, de esos encantadores y poco conocidos, cuando la tarde casi llegaba a su fin. Nos extrañó no ver a nadie por las callejuelas ni en la plaza, pero no le dimos la menor importancia. Queríamos instalarnos, cenar y dejar que nos invadiera la oscuridad de la noche de Halloween para vivir la aventura que Javi nos tenía preparada y que, según él ¡iba a ser la caña!
Javi, tan friqui de los misterios y las historias de miedo como nostros tres, no nos había anticipado nada y por otro lado, tampoco habíamos encontrado ningún tipo de infomación de que hubiera algo intrigante y mucho menos terrorífico en aquel lugar. Nos sentíamos intrigados y excitados ante la idea de lo que íbamos a experimentar ¿qué sería, una casa abandonada, un castillo con fantasma? ¡La noche prometía!.

Sin embargo aún no era de noche cuando salimos hacia nuestra aventura. Javi nos llevó a la entrada del pueblo, justo delante de una vieja fábrica, que habíamos visto al llegar, aparentemente sin nada especial que llamara nuestra atención, hasta que Javi nos explicó su aterradora leyenda.

Se decía que desde que la fábrica se incendió cada noche se oía el sonido inconfundible de los telares en funcionamiento como cuando había actividad en la fábrica, se podían escuchar decenas de pasos de gente que caminaba o se arrastraba en su interior entre gritos y extraños alaridos. Decían que eran las almas en pena de los trabajadores que allí perecieron quemados vivos, sin haber recibido ayuda de sus vecinos y familiares, clamando venganza.
Desde entonces nadie osaba acercarse a la fábrica de noche, los pocos que lo intentaron al principio jamás volvieron. Han pasado los años y en el pueblo nadie quiere hablar de eso, siguen asustados y por eso se encierran en sus casas antes del anochecer.


- ¡Qué fuerte! - exclamó Paula - ¿Así que los habitantes del pueblo vieron el incendio y no vinieron a socorrer a sus amigos y familiares?

- No me extraña que esas almas estén dando la lata - dije yo - ¡vaya pueblo de asesinos tienes, Javi!

- ¡Ei, es una leyenda! - dijo Sergi - El incendio fue la causa sin más, no deberían tener miedo, lo tienen porque algún imbécil hizo correr un rumor, una leyenda, y ya sabes, la gente se lo cree todo.

- Como nosotros - dije

- Es que la historia viene de más atrás - dijo Javi - os lo cuento mientras entramos.

Saltamos la valla y nos adentramos en el recinto formado por apenas tres o cuatro barracones, separados entre sí por caminos de hormigón a poca distancia, uno de ellos más grande, que posiblemente debían de ser las oficinas. No teníamos miedo, no se oía nada ni había nada extraordinario fuera del deterioro de las estancias, los tubos desprendidos y algunas ventanas con los cristales rotos.

- Esta fábrica tiene una maldición - empezó a contarnos Javi y todos lo miramos sorprendidos.


Hubo un tiempo en que el pueblo vivía una etapa floreciente y feliz, cuando dejó de lado la agricultura y la mayoría de sus habitantes pasó a ser trabajador de la recién construída fábrica téxtil, propiedad de Don Emilio, un rico empresario de la comarca.

Hasta que un trágico accidente dejó viudo al empresario y poco después la misteriosa desaparición de su pequeña hija Rosita, lo convirtieron en un hombre triste y malhumorado. A medida que pasaba el tiempo fue siendo más injusto y tirano con sus empleados, sometiéndolos a horarios de turnos excesivos, eliminación de las pausas y bajadas de salarios, lo que desencadenó una huelga y posteriormente una represión y otra huelga y otra, un bucle que parecía no tener fin.

Don Emilio estaba como loco, no tenía límite, gritaba y blasfemaba hasta quedar exhausto, diciendo que esa fábrica y ellos, los trabajadores, eran los causantes de su desgracia, que habían asesinado a su hija y la tenían escondida allí, entre los telares. Su demencia, unida a una sucesión de extraños acontecimientos que empezaron a suceder, transformó la vida en aquella fábrica y la del pueblo, en un infierno.

- ¡He visto una sombra! - dije - ¡Algo se mueve ahí dentro!


Continuará ....